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Historia de la Belleza
LA PREHISTORIA
Los orígenes de la estética se remontan a la prehistoria. A través del arte y de
los instrumentos de uso cotidiano que han llegado a nuestros días, podemos ver
como ya entonces existía una preocupación por la belleza.
La cualidad que se aprecia más en la mujer y que se toma como símbolo de ésta es
la fertilidad.
Las esculturas y grabados nos muestran figuras femeninas voluminosas, incluso
deformes, que reflejan el interés de los prehistóricos por la fertilidad, tan
necesaria para la continuidad del grupo.
Entre los hallazgos más antiguos que hacen alusión al incipiente interés
femenino por la belleza, encontramos un grabado en las cercanías de Oslo,
Noruega. Este grabado reproduce la figura de una mujer embadurnándose con grasa
de reno, animal que está al lado de la figura femenina. También en Austria, la
conocida Venus de Willendorf, y en la Costa Azul francesa, La Venus de Grimaldi;
se han hallado representaciones de mujeres simbolizando la preocupación de éstas
por el cuidado de su belleza.
Los productos de que disponía la mujer prehistórica se limitaban, prácticamente,
a la arcilla, tierras de pigmentos colorantes o toscos productos elaborados a
partir de grasas animales. El afeite más antiguo que se conoce estaba compuesto
de sulfuro de antimonio.
EGIPTO
De todos es conocida la mítica belleza de las reinas del antiguo Egipto y cómo
los egipcios embalsamaban a sus faraones.
Estos dos factores impulsaron un gran culto a la belleza y a la cosmética,
principalmente en las cortes faraónicas.
Los ritos funerarios se caracterizaban no solo por embalsamar los cuerpos de los
difuntos, sino también por depositar junto a ellos toda clase de objetos,
alimentos y materiales preciosos para que en la vida futura disfrutasen de los
bienes terrenales. Entre los objetos se encontraban peines de marfil, cremas,
negro para los ojos, polvo, etc., dentro de pequeños recipientes en los que
estaban grabadas las instrucciones para su uso.
El refinamiento de los cuidados estéticos era enorme. Fórmulas secretas
embellecían a las reinas de Egipto que, con mucha rapidez, eran imitadas por sus
cortesanas.
Los peinados, las pelucas, los baños de leche, las estilizadas siluetas, todo
formaba parte de una cultura en la que lo espiritual, el arte, la religión y la
ciencia tenían una importancia fundamental.
Especial atención merecían el cabello, la piel y los ojos. El cabello era teñido
con henna, consiguiendo mil matices encarnados o bien se rasuraba completamente
para facilitar los continuos cambios de pelucas, sumamente sofisticadas.
Con ungüentos, afeites y baños perfumados o de leche cuidaban de mantener una
piel tersa y extremadamente suave.
Los ojos se remarcaban en negro, engrandeciendo y suavizando su forma natural.
El carmín de los labios, el blanco para restar vivez a la cara, el rojo-naranja
para las mejillas, eran productos extraídos de plantas y arbustos.
Usaban antimonio para cambiar el color de los párpados en azul y verde,
realzando así más las pestañas.
Las dos reinas que más se significaron por su belleza y sus secretos de estética
fueron Nefertiti y Cleopatra.
De Nefertiti se recuerda aun su estilizada silueta, a pesar de haber tenido seis
hijos, siendo ella quien extendió la moda del color verde para los párpados. El
hermoso busto de esta reina, esposa de Amenhotep IV, se conserva en magnífico
estado en un museo de Berlín.
De Cleopatra se cuenta que fue la mujer que reunió más secretos sobre el cuidado
de su belleza: sus mascarillas, su maquillaje y sus baños de leche pasaron a la
historia.
GRECIA
Grecia fue la civilización de la belleza. Ha sido tal su influencia en las
culturas occidentales posteriores que su cultura y su arte han configurado el
llamado ideal clásico de belleza. Eran, en contraste con los egipcios, todos los
estamentos sociales los que compartían su inquietud por la estética. Hasta tal
extremo llevaron este gusto por la belleza que en uno de sus libros, Apolonio de
Herofila explica que "en Atenas no había mujeres viejas ni feas". De hecho
fueron los griegos quienes difundieron por Europa gran cantidad de productos de
belleza, de fórmulas de cosmética, así como el culto al cuerpo y los baños; en
resumen, el concepto de la estética.
La mayor atención la prestaban al cuidado del cuerpo. Los cánones de belleza
griegos no toleraban ni la grasa ni los senos voluminosos. Era necesario
cultivar el cuerpo para conseguir la perfección estética que consistía en,
además de tener senos pequeños y fuertes, poseer un cuello fino y esbelto y los
hombros proporcionados.
En los baños era donde este amor por el cuidado del cuerpo tenía lugar.
Precedían al baño diversos ejercicios físicos que preparaban al cuerpo para
recibir el baño, habitualmente realizado con agua fría. También los masajes
tenían un papel importante ya que, junto con el baño y los ejercicios
gimnásticos, lograban que en el cuerpo no hubiese rastro alguno de grasa y que
se mantuvieran la figura grácil y la piel tersa.
La cosmética, en Grecia, vivió un momento esplendoroso, sobre todo en la
utilización de los aceites. Estos se extraían de flores y se empleaban además de
en estética, en los actos religiosos, deportivos y en la vida diaria.
Los aceites perfumados se aplicaban después de los baños o de los masajes y se
elaboraban de muchas flores distintas, de rosas, de jazmines, tomillo, etc., y
su fabricación se concentraba en Chipre, Corinto y Rodas. El cabello se cuidaba
con esmero y se elaboraban tintes también con extractos naturales.
El maquillaje de las mujeres en Atenas se basaba en el color negro y azul para
los ojos; coloreaban sus mejillas con carmín y los labios y las uñas se pintaban
de un único tono.
Se consideraba que el color de la piel de la cara debía ser pálido, ya que era
reflejo inequívoco de pasión.
Pero no únicamente las mujeres y los hombres griegos tenían esta inquietud por
la estética. Sus dioses buscaban también el ideal de la belleza. La figura de la
diosa Afrodita de Cridona nos ha llegado reproducida en el momento en el que
está desnudándose para entrar al baño.
ROMA
En el Imperio romano la estética constituyó una auténtica obsesión. Hombres y
mujeres atesoraban fórmula de cosméticos, se maquillaban, peinaban y depilaban
por igual.
Baños y masajes, vestidos y peinados o el cuidado del cuerpo no eran exclusivos
del sexo femenino, sino que todos los romanos querían embellecerse y cuidarse.
Pero, contrariamente a Grecia, no existía un único ideal de belleza, ya que las
sucesivas conquistas del Imperio romano recogieron influencias dispares de los
pueblos dominados. Un ejemplo de ello lo constituye la "locura" de las romanas
por ser rubias. Sucedió a la vuelta de la conquista por Julio César de los
territorios germánicos. Los esclavos que con él trajo, sorprendieron por el
color de su cabello y de su cutis. Con gran velocidad circularon por Roma
fórmulas y ungüentos para cambiar el color, generalmente moreno, de la piel y el
cabello de las romanas.
En Egipto y en Grecia se inició la costumbre de tener esclavas dedicadas
exclusivamente al cultivo de la belleza de sus amos. Esta costumbre se acentuó
en la época romana y las esclavas se especializaron en temas concretos: baños,
maquillaje, tocados, etc.
Sobresalen las romanas por el especial cuidado que dedicaban a los tocados.
Sofisticados y barrocos hasta lo increíble, se hacían con materiales
considerados preciosos. Perlas, telas, flores, mallas bordadas, eran manipuladas
hasta conseguir el tocado más refinado.
La popularización del baño llegó al extremo de edificar, en Roma, los conocidos
baños de Caracalla, con capacidad para 1.600 bañistas o los aun mayores baños
termales de Diocleciano que podían acoger simultáneamente a 3.000 bañistas. Solo
en el siglo IV había en Roma 900 establecimientos de baños termales.
EDAD MEDIA: EL DECAIMIENTO DE LA ESTÉTICA
La mujer de la Edad Media soportó las consecuencias de una época caracterizada
por la austeridad, las frecuentes guerras y las grandes epidemias.
El cuidado de la belleza resurge, sin embargo, en los siglos XI al XIII al
organizarse en Occidente las Cruzadas para recuperar los llamados "Santos
Lugares", entonces en manos de los musulmanes.
Estas guerras originaron contactos e intercambios con otras culturas y
consecuentemente se introdujeron nuevas técnicas sobre afeites y cosmética que
suplieron las ya existentes en Europa. La nobleza, en este período, se recluye
en sus castillos. Son los vendedores ambulantes de bálsamos, artículos de
tocador y hierbas medicinales, que van de castillo en castillo vendiendo sus
productos, quienes conservarán y renovarán los secretos de la cosmética. Estos
se guardan en la "muñeca para adornarse", nombre que se le daba al tocador. El
tocador medieval era un hermoso y complicado mueble, lleno de cajones y espejos
que, al estar cerrados, daban al tocador la apariencia de un escritorio.
Durante los primeros siglos de la Edad Media los nobles no descuidaban la
higiene personal. En las ciudades, los baños públicos eran visitados con
frecuencia por éstos, mientras que en los castillos las damas se bañaban con
agua fría perfumada con hierbas aromáticas.
Pero en la medida que la Edad Media avanza, estas costumbres se van olvidando.
Los perfumes de fuerte olor sustituirán poco a poco a la más mínima higiene
corporal.
EL RENACIMIENTO: NUEVO RESURGIR DE LA ESTÉTICA
A la Edad Media le sucede el Renacimiento, época en que los valores estéticos
toman un nuevo impulso, olvidados desde Grecia y Roma.
La sensibilidad por el arte, la filosofía y la cultura en general, adquieren en
el Renacimiento una importancia clave. Es el momento del florecimiento del arte
italiano, de los mecenas, de la concepción filosófica del hombre como
"hombre-total", sin especializaciones.
La estética, en todos los campos creativos, llega a cotas refinadísimas. La
belleza lo abarcará todo y por lo tanto la estética femenina formará también
parte de esta armonía que envuelve la vida de la Italia renacentista.
Este país se convertirá en el centro europeo de la elegancia. Las nuevas
propuestas de la moda, la belleza y la estética salen de Italia para influir en
las cortes de Europa.
En el siglo XVI los monjes de Santa María Novella, crean el primer gran
laboratorio de productos cosméticos y medicinales.
El ideal de belleza de las mujeres nobles italianas consistía en tener un cuerpo
de formas muy curvadas, la frente alta y despejada, sin apenas cejas y la piel
blanquecina.
Tener el pelo rubio era sinónimo de buen gusto y para conseguirlo mezclaban los
extractos más inverosímiles. Los primeros tratados de cosmética y belleza
aparecieron en Francia e Italia durante estos siglos. En 1573, en París se
publica el libro "instrucciones para las damas jóvenes" y en Italia el libro de
Catalina de Sforza "Experimentos". En este libro encontramos toda clase de
recetas de cosmética y perfumería, escritos sobre maquillaje, para corregir
defectos del cuerpo e incluso reconciliar matrimonios.
En el siglo XVI Catalina de Médicis, interesada en todo lo referente a la
estética, dedicó parte de su tiempo al estudio de ungüentos y combinaciones de
cremas. Más tarde al convertirse en reina de Francia, llevó consigo a los
mejores especialistas en perfumes de Florencia, quienes se impusieron en el arte
de la perfumería.
Fue precisamente una de sus más intimas amigas quien instaló en París el primer
Instituto de Belleza. A pesar de los cambios producidos, todavía la higiene
personal dejaba mucho que desear. Las memorias personales de los nobles de la
época relatan como a la reina Margarita de Valois le resultaba dificilísimo
peinarse por lo enredado que tenía el cabello a falta de hacerlo más a menudo; o
cómo se lavaban las manos una vez por semana.
ORIENTE: LA DELICADA FANTASÍA ESTÉTICA
LA INDIA
Este extenso y complejo país es muy rico en materias primas para la estética.
Los productos de belleza se han usado en la India desde tiempo inmemorial en
ritos religiosos y en la vida diaria, sin que hayan experimentado evolución de
importancia.
Las flores, el kohol y los polvos de azafrán se usan cotidianamente y aun hoy en
día los niños de este país pintan sus ojos con kohol por sus poderes
desinfectantes.
En uno de los libros más antiguos sobre medicina en el mundo, el "Susruta", se
explican cuidados de belleza con aceites perfumados, entre otras muchas recetas
de extractos vegetales dedicados a la estética.
CHINA
La China tiene en cosmética, como en tantos otros aspectos, una tradición
antiquísima. Sus cánones estéticos se basaban en una mujer delicadamente
maquillada y con un cutis cuidado al máximo. El maquillaje consistía en finos
polvos de color rosado, rojo o anaranjado y los ojos se subrayaban con
bastoncillos untados en tinta china.
La piel se trataba con cremas elaboradas con pulpa de frutas, aceites de té o
grasas animales.
Los perfumes provenían de flores -jazmín, almizcle, camelia- o de maderos
aromáticos como el patchouli.
La poesía y el arte chino en general han reflejado profusamente esta delicada
atención de las mujeres chinas a la estética.
JAPÓN
El país del "Sol Naciente" recogió muchas influencias de la belleza y la
cosmética chinas. El cuidado del cuerpo está íntimamente ligado en Japón a la
vida religiosa, por lo que los hombres y mujeres de este país han tenido siempre
en aprecio el mundo de la estética.
Aceites, pigmentos y polvos de alazor son algunos de los productos que estas
mujeres usaban para su belleza. La tinta china embellecía también sus ojos.
El cabello era tratado con el máximo de atenciones, puesto que tener el pelo
negro, brillante y voluminoso era símbolo de gran belleza.
La pintura japonesa de todos los siglos ha dejado patente muestra de los mimos
que dedicaban sus mujeres a la belleza del cuerpo y del cutis.

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